Arrecifes de coral: los bosques tropicales del mar

Los arrecifes de coral son uno de los ecosistemas biológicamente más diversos del Planeta.

Si bien ocupan el 0.1% del océano, son el hogar y sustento del 25% de la biodiversidad marina: desde almejas, cangrejos, estrellas de mar, hasta tortugas y una gran variedad de especies de peces (IYOR, 2018). Esa es la razón por la cual también suelen llamarse los bosques tropicales del mar.

Lo primero que aclaran los expertos cuando hablan de arrecifes de corales, es que no estamos hablando ni de plantas ni de rocas coloridas, sino de animales. Los corales son animales invertebrados llamados pólipos, emparentados con las medusas y anémonas de mar. Se clasifican en dos tipos: corales blandos, que se parecen a plantas acuáticas y corales duros o pétreos, que son los que toman calcio del agua de mar y lo convierten en piedra caliza alrededor de la parte inferior de su cuerpo (IYOR, 2018).  

Cuando muchas colonias de corales pétreos se juntan, crean grandes estructuras subacuáticas que conocemos como arrecifes de coral . Estas estructuras vivas tienen la particularidad de necesitar luz solar para la fotosíntesis de las algas con las que conviven, las reales causantes de los diversos colores que tienen. Es por eso que las solemos encontrar en aguas pocas profundas, superficiales.

Los arrecifes de coral más grandes y extensos del mundo son la Barrera de Coral Australiana con 2.600 km de extensión y el Sistema Arrecifal Mesoamericano con 1.000 kilómetros de extensión. Estas colonias de corales son consideradas las estructuras vivientes más grandes del Planeta y las únicas visibles desde el espacio.

¿Qué problemas atraviesan?

Los corales son seres vivos altamente sensibles a cambios de temperatura y química del mar. Es por eso que, en la actualidad, están gravemente afectados por el Cambio Climático, principalmente castigados por el  aumento de temperatura del agua y acidificación del mar.

El problema que actualmente más padecen es su blanqueamiento, que sucede cuando el coral estresado por estos cambios de temperatura expulsa al alga que lo habita (y da colores) y se blanquea ( IYOR, 2018 ). Si bien  los corales tienen una increíble capacidad de regeneración natural, para hacerlo necesitan condiciones adecuadas para recuperarse y crecer. Si esto no sucede, es decir, si su estrés persiste, el coral muere.

Desde la década de 1990 se vienen registrando fuertes blanqueamientos en diferentes colonias de corales. El caso más conocido ha sido en la Gran Barrera de Coral ubicada en Australia, que en marzo de 2020 ha pasado por su quinto blanqueamiento masivo.

Sumado a esto, existe una gran convergencia de factores antrópicos (humanos) que están contribuyendo a un estrés constante de los arrecifes: desde la pesca excesiva, la contaminación proveniente de aguas residuales, derrames de petróleo, la contaminación plástica, el turismo irresponsable, entre otros. Es por eso que su regeneración natural es difícil.

Se calcula que si las cosas siguen así para el año 2050 se perderá del 70% al 90% de los arrecifes de coral.

( ONU, 2019 )

¿Qué se está haciendo para protegerlos?  

Para aquellos casos en los que los arrecifes de coral se encuentran altamente dañados o destruidos, existen proyectos de restauración activa vinculados a cultivos de coral. Estos cultivos implican trasplantar y cultivar aquellos corales que han demostrado resistencia a los cambios de temperatura del mar y luego, cuando crecen lo suficiente. se los vuelven a transplantar a zonas propicias para su crecimiento. Este proceso puede durar entre 5 y 10 años. La red Global de Monitoreo de Arrecifes de Coral, en conjunto con la ONU, publica informes anuales de los resultados de estos proyectos y el estado de los arrecifes.

A pesar de la importancia de seguir desarrollando este tipo de proyectos, los expertos aclaran que “(…) la restauración de los arrecifes debe ser considerada solo como una opción dentro de un plan de manejo integrado de las zonas costeras” (ONU, 2019). Con esto hacen referencia a la importancia de seguir construyendo Áreas Marinas Protegidas, e incentivando regulaciones para el turismo y la pesca.

A nivel individual también tenemos varias cosas para hacer. De acuerdo a Gabriel Grimsditch, de la División de Ecosistemas Marinos del Programa de la ONU Ambiente, también es necesario llevar estilos de vida más sostenibles que busquen impactar lo menos posible el ambiente en el que vivimos: desde elecciones a nivel turistas, buzos y nadadores como no pisar ni llevarse resto de corales del mar, o usar protectores solares amigables con los corales; hasta reducir el uso de plástico descartable que indudablemente ingresa y contamina el mar (ONU, 2019).

Nuestras elecciones cotidianas también pueden estar a favor de los corales. Hábitos sostenibles ayudan al océano, al ecosistema marino y a la vida en general.


Texto Ailén E. Ortiz